sábado, 27 de agosto de 2011

He estado meditando sobre qué hacer con esto. ¿Borro las entradas que hice y empiezo de nuevo? Siempre me pregunto lo mismo, y siempre acabo haciendo lo mismo, vaya gilipollez. Como os podréis dar cuenta, siempre sigo sin borrar nada. Porqué por mucho que quieran las personas borrar cosas de su pasado, éste sigue ahí, intacto. Nadie podrá cambiarlo. Y mucho menos haciendo click en "eliminar".
Ha pasado mucho tiempo, muchas cosas han cambiado. Demasiadas. Mi última entrada sigue teniendo sentido. Vaya, jamás hubiese pensado que lo tendría. Y la penúltima, también. En esa me quiero centrar hoy.
No sé qué se te debe pasar por la cabeza cuando pierdes completamente el sentido por alguien que pasa de tu culo. Pero ahí estás, como muchas otras personas en el mundo y sin embargo, sola. Sola detrás de alguien, arrastrándote. Lo peor que puede hacer alguien, sin duda. Lo sabes, sabes que lo estás haciendo mal, que no debes arrastrarte jamás, y aún y así, lo haces. Felicidades. Parece rídiculo pero cuando lo vives te das cuenta... Estás en un pozo muy hondo. Aunque creas que no tiene fondo, créeme bonita, lo tiene. Y tarde o temprano, por mucho que te duela, sales de ese puto agujero.
Sales y te das cuenta que el sol ha seguido brillando todos estos días. Te das cuenta de todo lo que te has perdido. Y te das cuenta de muchas otras cosas, pero menos importantes. Empiezas a sonreír de verdad, a vivir la vida en serio. Ya te has cansado de gilipolleces y no te andas por las ramas, almenos un tiempo. Es entonces, en ese preciso momento, cuando miras atrás y te das cuenta de lo rídiculo que ha sido todo.
Y sí, me siento más o menos así. Manda cojones que haya todo este tiempo en escribirlo, pero mis manías y yo somos así de impredicibles. Nunca sabes por donde vamos a salir, ni siquiera yo. Ahora es uno de esos momentos, recuerdo aquél sentimiento. También recuerdo que hace poco, en octubre del año pasado, gané uno de esos concursos que en la vida te crees que vas a ganar. Participas, por ilusión, un concurso de verano. Y ganas. Y de repente, te ves ahí, en medio del premio, con 600 personas que también han ganado. Y cuando acaba, te sientes un poco rara (por no decir gilipollas). No sé si soy yo que no sé disfrutar de la vida o qué coño pasa. Pero así voy. Después de disfrutar del premio, buscas aquello que te devuelve la ilusión. Y ahí está la gracia... En estos momentos de mi vida, "aquello" que me devolvia la ilusión aquella noche de octubre hace meses que le tengo a mi lado. Y he podido disfrutar de otro "premio" (ésta vez sin concursos de por medio) como el de la otra vez y lo he disfrutado casi, totalmente. Matizo con ese "casi" porqué si no no valdría la pena ir a otro "premio" habiendo disfrutado por completo el anterior. Sinceramente, esa es la suerte de mi vida. Que eso que te devuelve la ilusión, siga a tu lado, dia a dia. Y que no se vaya jamás.